REFLEXIONES SOBRE LA CERTIFICACIÓN ECOLÓGICA Y BIODINAMICA

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EL «GERMANDALUZ» BIODINAMICO

A veces trato de explicar que me atrajo del mundo del vino en el momento que tomé la decisión de dedicarle mi vida profesional y una gran parte de la personal.

El objeto de la atracción debe tener que ver con el mismo imán con el que, este mundo, ha atraído históricamente a empresarios, poderosos, artistas, bohemios y tipos de toda clase y calaña. No lo se. Lo cierto es que, este mundo, cada día te aporta cosas nuevas, caras nuevas, en definitiva, ideas nuevas.

Esta semana, el cursillo, me lo ha dado un alemán procedente de una familia con tradición vitivinícola desde el siglo XVII, afincado en plena Sierra de Grazalema, pedanía de Ronda. Málaga, Andalucía, España.

Fiedrich Schatz, un tipo apacible, con fisonomía de hombre del campo, curtida la piel por el aire de su sierra de adopción, y su acento «germandaluz». Expresa su credo abiertamente. Defiende su método de viticultura y vinificación basado en procesos biodinámicos y se pregunta porque debe certificar una forma de trabajo que ya sus antepasados utilizaban y es tan vieja como el mundo.

La historia:
«Desde que Justus von Liebig por el año 1840 descubrió que las plantas se alimentan gracias al nitrógeno y al dióxido de carbono del aire (con la contribución de microbios que realizan las conversiones a compuestos del nitrógeno) y de los minerales del suelo, e inventó el precursor del Abono químico actual, su uso y adicción en los procesos se convirtió en lo convencional. Sin embargo, los que tenemos que certificar nuestros procesos somos los normales, los que utilizamos medios ancestrales sin añadidos químicos modernos».

imageLa paradoja:
» En bodega hay que certificar más de 100 cosas que no añadimos al vino. Sería más fácil que los demás certificaran lo que añaden».

La filosofía:
«La bodega es un mal necesario de procedimientos mecánicos para la obtención del vino. Lo importante es la viña.»

Y les cuento esto porque ayer caté por primera vez sus vinos, trabajados sobre la base de variedades extranjeras conocidas como la Chardonnay, Petit Verdot o la Pinot noir y otras no tan conocidas por el gran público como la Muskattrolinger o la Lemberger y me pareció una apuesta arriesgada pero diferente y me parecieron unos vinos francamente sensacionales.

Un ejemplo a seguir por los que al generar valor se encuentran con todo tipo de dudas personales y empresariales.

http://www.f-schatz.com/

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